Estoy leyendo a Borges, es lo más parecido a sumergirse en el mar en pleno diciembre, con bañador y chancletas, pongamos que para coger erizos.
El poema en cuestión, donde por fin me he estancado, es "El Cómplice", y es que, donde pone poeta, yo leo abogado.
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.
2 comentarios:
Desconocía el poema, porque no soy nada aficionado a la poesía, pero sí, nos es aplicable.
Yo, que soy más tosco, me veo (veo a los abogados) como un simple perchero que sostiene la toga, y que cada vez más, debe ser ciego, sordo y, por supuesto, mudo, y que forma parte del atrezzo de una escenografía, tal vez ¿de una comedia bufa?, o, de un drama como "El Proceso" de F. Kafka.
Cuando comente el ritual del apareamiento de la mantis verás "la verdad desvelada".
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