Estoy leyendo a Borges, es lo más parecido a sumergirse en el mar en pleno diciembre, con bañador y chancletas, pongamos que para coger erizos.
El poema en cuestión, donde por fin me he estancado, es "El Cómplice", y es que, donde pone poeta, yo leo abogado.
Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.