Me comenta mi mujer que ha salido en la tele que un hombre se ha suicidado tirándose por la ventana. Venían a desahuciarle y le ha dado un beso a su hijo y se ha quitado la vida.
Conociendo al padre de la logoterapia, Victor Frankl, o mejor, sus teorías, basadas en su supervivencia a los campos de exterminio nazis, que se resumían en la pregunta ¿por qué no te suicidas?, me puedo imaginar el grado de sufrimiento de este vecino, de este compatriota, de este padre, esposo, y todo.
Probablemente pasó por lo que pasaron los que escribieron sobre Judas, esas tres versiones, humanas, de alguien que también las tuvo que pasar púas.
La solución a este disparate donde alguien lo pierde todo y aún sigue debiendo, y donde el banco rescatado vende con tranquilidad el bien atropellado, no viene sino del derecho. DERECHO.
Pero este país necesita un incendio, y no precisamente en los montes.
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