Cuando me enteré que la tripulación del barco naufragado fue la primera en ponerse a salvo, y que los camareros filipinos fueron los que se ocuparon de asistir un poco a los náufragos, empecé a mirar la noticia equiparando la situación a la de la Justicia española.
Cuando seguí leyendo que los pasajeros firmaron el papel de que habían realizado el simulacro de salvamento, sin ser cierto, me vino a la cabeza esas empresas "dedicadas" a "impartir" "cursos" de riesgo laboral, qué cosas. (Además a ninguna se le ha imputado, que yo sepa, en caso de accidente, que no aparezcan nada más que para cobrar).
Al leer que el capitán cobraba 20 euros por hacerse una foto con él me vino a la cabeza la nueva tasa por recurrir, y además seguro que la fotito acabaría normalmente donde van a parar los recursos.
Y al enterarme de que el navío encalló porque el capitán se desvió para lucirse por la isla de Giglio, no me quito de la cabeza cuando la Justicia se desvía de ruta para satisfacer a algún Super-Ego.
En fin, vidas paralelas y viaje a ninguna parte.
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