my quest

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Vine a hacer una poda de rejuvenecimiento a un mundo embarullado
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martes, 8 de junio de 2010

Nossos representantes

Recuerdo de hace ya bastante tiempo, que venía el que fuera presidente del Consejo general abogacil, Gay Montalvo, a cerrar los cursos de la escuela de prácticas de Cádiz. Yo ya estaba en mi travesía del desierto particular y acababa de ganar un asunto en el TSJA de Sevilla después de diez años de espera, y mi cliente me dijo que ahora ya tenía a las entonces niñas en la universidad y ya no le servía para nada la sentencia (no obstante me pagó algo simbólico, porque no me dió el cuerpo para cobrarle lo que hubiera sido un servicio a su tiempo).
Pues cogí y me encasqueté en Cádiz a ver qué luz arrojaba nuestro prócer a mi peregrinar donde no veía ni el para los judíos cansino maná del desierto. No me acuerdo lo que le dijo a los chavales que iniciaban la parrillada haciendo el papel de San Lorenzo, pero sí me acuerdo que fui a buscarlo a plantearle la asfixia que tenía, y la imposibilidad de trabajar decentemente (imagináos lo de los juzgados de hoy pero sin ordenadores, algunas veces pasándose la cinta de la máquina de escribir de un juzgado a otro). Me contestó dándome el sí de los tontos, como que no había nada que hacer, como si una cebra se queja a otra de que esté harta de que le salga un león de detrás de un matojo, y la otra le diga que así está escrito.
Ahora sí recuerdo algo que dijo en esa charla, habló de Pedrol Rius, su antecesor en el cargo, dió una imagen de cómo luchaba por los abogados a pesar de su avanzadísima edad y un terrible parkinson que le aquejaba. (Yo insisto, nadie es insustituible, y para los progresos que ví, veo y veré, no pasa nada por jubilarse y abrir el camino a una jubilación decente de los abogados).
Al poco nuestro, o nosso, representante se pasó al otro lado, no voy a decir al lado oscuro, pero sí que me parece incompatible que nosso representante se incorpore al Tribunal Constitucional. Y eso que es de los que me desestima los asuntos con más agradabilidad, si lo comparamos con los que no han pasado por la dicha de servir al ciudadano en vivo y en directo.
Y aquí estamos nosotros, tenemos otro repe, o representante de la abogacía y estamos no ya sin cobrar nuestro trabajo, sino que ni cobras ni te dejan cobrar, hemos llegado a un grado de cinismo donde el 90% del trabajo es de oficio, y el resto es una aventura en Medellín, donde al final solo has puesto el careto de un lado y de otro como Cristo nos enseña.
Y sí, creo que esto quema un poquito, un pocazo, y encima pensando en qué hacer para poder cobrar el turno como si de verdad no tuviéramos representantes.