En el enlace podéis ver el video en diferido de Gregorio Peces Barba y José Pedro Pérez Llorca sobre el constitucionalismo español.
A partir de la mitad del video se pueden oir las declaraciones que han herido alguna susceptibilidad sobre Portugal y Cataluña, al final se puede oir lo de los bombardeos periódicos de Barcelona.
Hay que decir que la prensa presta un flaco servicio a la realidad sacando frases de contexto, y si bien es cierto que un político debe hablar con más mesura y no poner "los pies en la mesa", también es cierto que venían estas frases después de cierto tono pesimista de Pérez Llorca, que veía que habían pecado de ingenuos al diseñar el estado de las autonomías, viendo lo que se ve y lo que queda por ver.
Podría haber completado la historia del constitucionalismo español Tomás y Valiente, que tanto y tan bien escribió sobre el tema, si no hubiera sido asesinado, y no creo que fuera elegido aleatoriamente.
En cualquier caso, es cierto que uno se cansa de escuchar que a España se le llame "estado español", que no se pueda poner letra al himno porque le salen llagas a algunos, o tantas cosas raras que no pasan en un pais normal, como tener una cámara de representantes donde algo más de las 3/4 partes del pais se debate entre izda-dcha y el resto algo inferior a la 1/4 parte (un 6%, tal vez) asista a otro debate completamente ajeno, como en otro idioma, como es el independentismo o republicanismo.
Y esto no tiene solución de continuidad, viene ocurriendo desde antes de que el rey Wamba se tuviera que entregar a repeler los saqueos vascos a Zaragoza y las rebeliones de Barcelona y Tarragona junto a la Narbonense, que, por cierto, le entregaban la corona a otro godo, no vayamos a pensar que se libraban de los bárbaros.
En fin, una charla interesante, sobre exilios, banderas, unión o códigos civiles de cada región, y un punto de partida que quiso ser para todos y que al final parece que una minoría sobre-representada, para justificar su propio pesebre, está haciendo fracasar el orden constitucional. Y a todo esto sin abordarse el papel del Senado, que está muerto de risa.