Al síndrome de Estocolmo (el del abogado con el juez) y al síndrome del indulto (el abogado y el preso que se creen que después del juicio le van a dar la libertad) tengo que añadir una vivencia nueva después de un juicio de dos semanas en la Audiencia de Cádiz (en realidad seis días, pero de hecho dos semanas mañana y tarde pringao...con la casa sin barrer).
Efectivamente, hemos acabado hoy, cerca de las ocho de la tarde, conforme los 23 letrados íbamos acabando los informes. La tensión acumulada de días se iba desplazando a lo largo del estrado conforme se iba dando la palabra. Era algo increíble, cómo se iba acercando la hora de cerrar la Audiencia casi coincidiendo con los últimos letrados. Y por fin SE ACABÓ! Como en las películas americanas donde un grupo de personas han permanecido encerradas en una habitación luchando contra un meteorito que amenazaba el planeta, y al final de la peli salvan a la Humanidad anónimamente y empiezan a abrazarse, como no creyéndoselo. Pues así nos hemos sentido los abogados que hemos terminado ese calvario, hemos incluso confraternizado. Hasta los jueces parecían dejar traslucir facciones humanas....ya vendrá la sentencia...y el meteorito...ja, ja.