Aquí estoy pidiendo ante la Audiencia, copia de las actuaciones de unas previas para poder calificar, o defender, o trabajar. Como son 12 tomos, o 14, que eso crece, no me dieron las fotocopias en el mixto, que seleccionara los tomos. Como si la organización, la justificación de entradas en domicilio y escuchas telefónicas se pudieran jugar en un hojeo, u ojeo.
Yo no sé cómo el valor (en los dos sentidos de la palabra) del abogado se ha venido tan abajo. Que el juzgado pase el trámite de traslado con el abogado como el panadero que coge el pegote de masa y le pasa el rodillo es moledor, y no digo demoledor, porque es molido como me siento, o como me levanto, porque son todos los días desfaciendo entuertos y zancadillas de funcionarios escaqueantes.
Y comprendo la fuerza del Estado y la debilidad de los Colegios con una simple comparación. Cuando defiendo a alguien "de pago" o cuando defiendo "de oficio". Cuando defiendo de pago, sé que en el choque de trenes mi cliente es rehén, y a veces tragamos como aquel hindú del sable y a veces hasta se sale uno de la via para agradar al trolebus que te viene de frente, pero cuando es de oficio, me siento impregnado por la verecundia del Estado, como si me rebotaran las balas en la hasta entonces ortopédica toga.
Pues eso, colegio, que hay que estar para blindar nuestro tren (de vida).