my quest

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Vine a hacer una poda de rejuvenecimiento a un mundo embarullado
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miércoles, 26 de mayo de 2010

Pido perdón.

Pido perdón por haber pretendido cobrar el turno, cuando se sabe de sobra que es voluntario. Pido perdón por querer cobrar mi trabajo, aunque a veces sea como el Guadiana, que no sé por donde va hasta que resopla por los "ojos del Guadiana".
Cuando recuerdo las declaraciones de Pizarro (el que perdió el debate con Solbes (Solbes, el ministro de economía que se tiró en paracaídas cuando vió lo que se le venía encima)), aquello que decía que se presentaba a diputado, renunciando a un puesto super-remunerado en una empresa de esas que nos lleva a la crisis, porque tenía que agradecerle mucho a la sociedad española (venía de cobrar un despido con un importe como el turno de 2000 abogados trabajando desde la era de Tutankamon hasta nuestros días). Y cuando veo tanto altruísmo, no puedo menos que pedir perdón por mi egoísmo.

viernes, 9 de abril de 2010

odium figulinum

El odio del alfarero, o la competencia sana entre alfareros, merece un tratamiento especial en nuestra profesión, entre la ciencia y el arte. Tengo que recuperar aquel verso de Hesíodo que clamaba que el alfarero envidia al alfarero, el obrero al obrero, el mendigo al mendigo y el aeda al aeda. En la estrofa siguiente advertía del otro odium figulinum,la envidia que muerde y no engorda, y también atañe al abogado.
En esta profesión, donde lo mismo te toca hacer un "botijo" que una serie de muñecas "pocoyó", te das cuenta que la alfarería tiene un futuro poco halagüeño. La gente empieza a exigir poder comprar un botijo a su medida cuando le haga falta, no por encargo. No es normal que haya que esperar un año para un divorcio, ¡qué quieres que te diga! Comprendo que hay piezas para lucimiento de Castelar, pero dados los auditorios vamos a darnos con un canto en los dientes si se vislumbra un acuerdo que te permita seguridad, lejos de los antros de ficción ¡Qué lejos queda ya el derecho a una sentencia! ¡Una sentencia, no digo ya ni que sea justa!
Acordada la similitud con el alfarero, que imprime su huella en su obra, procede marcar las diferencias con la escultura, reservada al mundo de los pelotas y enchufados. No es lo mismo el trato que recibe Walker (y no precisamente el ranger de Texas) en el constitucional, que el que recibe periquito que se lleva tres años mandando y recibiendo cartas del altísimo tribunal para que le designen un procurador de oficio en Madrid, en lo que no es sino una versión juridica del cuento de la buena pipa.
Así podemos ver que el mundo jurídico se sostiene con el trabajo anónimo de miles de peones alfareros, que satisfacen como pueden a una sociedad que demanda servicios eficientes, para lo que luchan contra un mundo funcionarial neoturco, mientras que otros artistas rellenan páginas de periódicos en asuntos cuyas resoluciones dejan a Harry Potter como aprendiz de mago.
Y entre todo el jaleo este, los que le aguantan la caja de la varita mágica a los puñeteros te dicen que cómo se te ocurre reclamar que te paguen el turno de oficio, si el turno es voluntario, y del turno no se puede vivir, aunque lleves a 200 personas al año.