"En efecto, amamos el arte y la belleza sin desmedirnos, y cultivamos el saber sin ablandarnos. La riqueza representa para nosotros la oportunidad de realizar algo, y no un motivo para hablar con soberbia; y en cuanto a la pobreza, para nadie constituye una vergüenza el reconocerla, sino el no esforzarse por evitarla. Los individuos pueden ellos mismos ocuparse simultáneamente de sus asuntos privados y de los públicos; no por el hecho de que cada uno esté entregado a lo suyo, su conocimiento de las materias políticas es insuficiente. Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad"
Este Pericles, griego antiguo, nos deja un párrafo en el discurso que nos transmite Tucídides, que podría convertirse en una luz para los abogados.
Vivimos tiempos convulsos, los abogados los sentimos mucho antes que el resto de los abonados al pan y al circo. Durante un tiempo no teníamos ni opción a la seguridad social ni posibilidad de cotizar, luego, la situación de la Justicia hacía que tuvieras que pensarte el quitarle el pan de la boca a tu familia para cotizar, o seguir perteneciendo a la Mutualidad fantasma, que te protege como una telaraña. Esta era y es, no otra, la situación de cientos de abogados que no es que no trabajen, sino que sus casos se mueren de risa, por no decir de asco, en juzgados de diseño Camelotiano, que solo funcionan para mantener limpia la calle forzando unas prisiones preventivas de hasta 17 meses y poco más.
El dinero, la riqueza, que suena más alegre y menos judía, sirve, según Pericles, para realizar algo, es la oportunidad. El abogado es garante del individuo ante un proceso masificado donde el ser humano estorba. Y sin dinero no puede enfrentarse al juez, ni al fiscal, ni a la Administración. Existe otro tipo de abogado que siempre consigue dinero arrimándose al poder, el abogado pelota, el de los grandes despachos, pero ha llevado al pais a donde estamos, y ese modelo no nos sirve. Ahí está aquel ex-ministro.... en su despacho de administrador de grandes fortunas, ¿qué se puede esperar en estos tiempos de un abogado metalizado? Y todavía se atreven a decir que sobran abogados..., como si ellos fueran a ponerse a "fregar platos".
Y como Pericles, tenemos más por inútiles y despreciables, a los abogados que no participan en los problemas comunes, cuando tienen la posibilidad de regir su propio destino, y con el de ellos, el de toda una sociedad, que algunas veces hasta se reconoce libre.