Es muy importante, que si este blog no sirve para que se cosque nadie, que al menos aprendamos la importancia de saber preparar un pulpo para que tenga una textura correcta.
Primero se congela, como congelada estaba el año pasado la remuneración de las asitencias. Lo metes en el fondo de un puto congelador y te olvidas de él, que seguro que no se queja. Esto viene a sustituir a la famosa paliza del pulpo, que cansa más.
Después lo descongelas cuando se te apetezca comerlo. Cuando tengas el agua hirviendo le tienes que dar tres sustos, que realmente no es asustar estrictamente, sino bautizarlo a lo testigo en la olla. Chapuzón, y "p´arriba", que vuelva a hervir, y otro chapuzón y "p´arriba"..., después de eso, que hierva según los kilos.
Y asustados estábamos sin saber qué iba a pasar con el trabajo que ya habíamos realizado, si nos iban a pagar o a dar otro "hervor", y la gente protestaba, por las esquinas, por el foro, conatos de asociaciones, ¡incluso votos de asistir a la junta general y otros votos a bríos! ...repentinamente, entra el dueño del gallinero, echa un poco de triguillo, alborozo, ¿y? encefalograma plano, aquí no ha pasado nada.
Pues sí, es verdad, el pulpo sale en su punto, ni duro ni deshecho.