Comentando el fabuloso mundo de los insectos, con el que compartimos millones de años de evolución, sobre todo en la fase de gusano, nos habíamos quedado con el acercamiento "precopulativo" del macho mantis a la devoradora hembra.
Esto, no me diría nada en mi mundo jurídico de cada día, si no fuera porque hace poco un abogado que por su edad y prestigio debía estar de vuelta de"la jaula de todos", después de esperar la llegada de la autoridad judicial durante un par de horas, observa que aún no ha finalizado el desayuno...y me dice, después de lamentarse, que eso no se puede decir. Pensé yo que gracias a esa postura del "abogado antecessor"estamos como estamos, en vez de pedir un servicio público que funcione, pues iniciamos el acercamiento de la mantis, no vaya a ser que encima nos coman, o al cliente, que la cara al fin y al cabo es la tuya, pero el body, es del cliente.
Y esto me lleva al mito de Aracne, que tan bien nos cuenta Ovidio. Y que tuve la ocasión de vivir en un hermoso juicio de los de película americanas pero ligeramente "spaghetti western", o sea, que solo faltaba Barden para el oscar.
Un caso de estos de media tonelada de haschis (atchú María) y penas similares a la de homicidio, y empieza uno de estos abogados de la escuela de Virgilio a dar un repaso a la instrucción de las diligencias, tanto en fase policial como bajo la tutela del juez de garantías. Y empieza...que si las escuchas...si se inician ex nihilo...que si la cadena de custodia de la droga...que si el análisis...que si la denegación de diligencias de investigación...que si las escuchas no se corresponden a los que se les atribuye...papeles sin foliar...dos años de instrucción para cero diligencias...prisión preventiva...secreto de actuaciones...el pan nuestro de cada día, pero visto por alguien que además de pan duro verá algo de jamón por sus andurriales, lejos de Cádiz, of course.
Y pensaba yo ¿y no está este eligiendo los mismos motivos desafiantes que eligió Aracne (los deslices de los dioses) y que a la postre irritaron a Atenea? Porque al fin y al cabo, ¿quién mira a quién a través del microscopio?