Recibo la noticia de la desjudicialización de los divorcios consensuados con cierta cautela.
Así, prima facie, me trae la imagen de Moisés (Charlton Heston ) sacando al justiciable de un pais obsoleto para llevarlo a la Tierra de Promisión..., y el faraón comido por las siete plagas.
La imagen es un poco cómica si imaginamos a Charlton saliendo de Egipto con siete gatos, que ese es el alcance de la reforma. Y más graciosa aún si visualizamos a los notarios esperando detrás de la primera duna del desierto, trocando la prometida Jauja por su "huerto".
Como abogado en un juzgado saturado, de un pueblo abandonado, sin tren, con autobús ficticio, a 60 kilómetros de todo y la gasolina subiendo, con exhortos de 8 meses en cumplimentarse para después comprobar que acudir a declarar viene a ser voluntario, con fiscal dilatado en el tiempo, manejando leyes procesales creadas para otras galaxias..., no sé ¿mugre? tal vez sea esta la palabra, y tu primera reforma me dice entrelíneas que para que algo funcione hay que sacarlo de lo público. Y que la gente que hasta ahora iba de gorra a cuenta de un abogado casi siempre de oficio que no cobra, y si cobra es tarde y mal, repentinamente van a tener dinero para el notario. ¿Y me dices que donde antes había contradicción asesorada ahora vale el notario-juez-y parte?¿Que el notario no barre para la parte económicamente más activa?¿Que tienen que pagar la nómina y el lucro es su legítima pretensión? No voy a entrar en detalles porque cada uno es como es y a veces aún peor.
Bueno Alberto, hablando en plata, ¿no te atreves a hacer eficaz la función pública y nos vas a dejar solo con la toga puesta?
1 comentario:
Muy acertado tu artículo que suscribo plenamente. Los problemas del día a día son los que habría que intentar solucionar pero desde la raíz, con imaginación, valentía y escuchando mucho, mucho, mucho a los que más sabemos de todo esto: jueces y secretarios ejercientes (no los burócratas de siempre), abogados, procuradores, funcionarios...
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