Hay circulando por la red unas propuestas de la CEOE sobre las cargas administrativas que soportan las empresas españolas. El gobierno se propuso reducirlas en un 30% a instancias de la Unión, y se supone que redundarán en beneficio del mundo empresarial.
La Justicia, además de una reforma que la lleve al mundo moderno, necesita también de las pequeñas cosas. Y lo curioso es que estas pequeñas cosas son gratis.
Así empezaría la reforma introduciendo una palabreja, que no es sino RESPETO. Respeto al ciudadano, respeto al letrado, respeto a uno mismo, y a lo que representa.
¿Qué se conseguiría con esto?
¿Que no se fueran a desayunar a la hora en que comienzan los señalamientos y volvieran a la hora y cuarto? ¿Que te avisaran el día antes, bien por email, bien por sms, de que se suspende un juicio por falta de citación de alguien? ¿Que algún preso preventivo no esté varios meses de más entre rejas en virtud de la ley del encaje? ¿Que un funcionario no se lleve dando clases de derecho a un justiciable al que le han notificado una demanda durante tres cuartos de hora en vez de remitirlo a un profesional y atender sus obligaciones? ¿Que se tenga preparado el formulario para que los testigos cobren la indemnización en lugar de callar a ver a los que se les pasa?¿Que en la Audiencia Nacional te devuelvan el DNI cuando acabe la vista, en lugar de hacerte esperar hasta la una, o las dos?
Lo cierto es que hay miles de pequeñas cositas que convierten en un calvario todo lo relacionado con la Justicia. Y obviamente la responsabilidad apunta a los colegios de abogados, por no saber, o no querer, imponer respeto como algo natural, y principio de la amabilidad.
De hecho, todos tenemos en mente algún juez respetuoso, pocos, muy pocos, pero marcan la diferencia de una manera abismal. La diferencia de empezar el día cordialmente, a tener que empezar con el ronroneo del mal funcionamiento.